
Dejó a su novio el día de San Valentín. Así, sin más. Decidida. Seca. Implacable. Casi despiadada. Podría haberlo hecho de cualquier otro modo. Incluso cualquier otro día… Pero esa mañana, al mirar a Santiago, lo adivinó exiguo, pusilánime, desapacible. Y tuvo la escalofriante sensación de que el tiempo se encogía.
Momentos después, Carlota abandonó su novela.
