Vivir la vida de los otros. Y contarla.

Aprendí a leer a los cinco años. Mi madre asegura que a los cuatro le leía cuentos a mi hermano pequeño. Lo sentaba en una silla frente a mí, tomaba un libro y lo obligaba a escucharme. Seguro que él hubiera preferido jugar a los albañiles o los vaqueros, con su casco...
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