La librería de las letras olvidadas. III.

… se repetía inútilmente mientras el bar giraba y era incapaz de seguir mirándole a los ojos. —     Pero cuando el policía ese de ahí fuera me abordó —por qué es policía, ¿no?— se me congeló el valor… —     A ver, Úrsula… Porque no me irás a decir que tampoco es...

La librería de las letras olvidadas. II.

  […] le esperaba una Úrsula mucho menos temblorosa de lo que había supuesto. —     ¿Sigue ahí? —     ¿El tipo la gabardina? —contestó mientras encendía un cigarrillo con la única esperanza de aplazar el momento de explicarle a la chica el trajín furtivo...

La librería de las letras olvidadas. I.

—     ¿Don Pelayo? ¡Don Pelayo, soy yo! ¡Tiene que venir, por favor! ¡Ha de darse prisa! Si el timbre del teléfono desbarató el desayuno de Pelayo, la voz ahogada de mujer al otro lado del hilo le inquietó aún más. —     Úrsula, ¿es usted? ¿Qué le ocurre? Serénese,...

¿Qué fue del auténtico 8 de marzo?

  Corría el año 1908 y la ciudad de Nueva York comenzaba a despojarse de ese frío manto gris que le había cubierto durante el invierno. Los primeros rascacielos orgullosos y desafiantes alzaban sus brazos al sol como reclamando su presencia; pilluelos harapientos...

Sin mirar atrás. Cómo ocurrió todo.

Que te cuente cómo ocurrió… Me pones en un serio aprieto, te advierto, porque para ello voy a tener que hablar de mí y eso me incomoda muchísimo. Me aburre, diría yo. Me intimida también. Más aun cuando todas las posibilidades apuntan a un inesperado viaje interior...
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