«Cuídame Dios de las aguas mansas, que de las bravas me cuido yo».
No preguntó. Se hizo a un lado creyendo a pie juntillas lo que le habían contado -algo que, por otra parte, tampoco fue mucho- sin indagar ni hacerse preguntas. Prefirió dejarlo estar. Si, al fin y al cabo, no era “su guerra” ¿para qué iba a meterse en...Una carta.
Ayer por la mañana me entretenía leyendo por encima y sin demasiado interés uno de esos periódicos locales más repletos de publicidad que de otra cosa, perfectos para pasar el rato sin grandes debates internos y nulo esfuerzo intelectual, mientras esperaba felizmente...Lo nuestro fue un flechazo.
Un flechazo de los de verdad, de esos que son como tienen que ser, de los que ocurren cuando menos te lo esperas. Porque para enamorarse en condiciones es requisito indispensable no pensar en ello, porque los flechazos de película no se buscan, te encuentran. Vamos a...Leer más—El pueblo llano, cuando reza, pide lluvia, hijos sanos y un verano que no acabe jamás —replicó Ser Jorah—. A ellos no les importa que los grandes señores jueguen a su juego de tronos, mientras los dejen en paz. —Se encogió de hombros—. Pero nunca los dejan en paz.