Sin mirar atrás.

Dejó a su novio el día de San Valentín. Así, sin más. Decidida. Seca. Implacable. Casi despiadada. Podría haberlo hecho de cualquier otro modo. Incluso cualquier otro día… Pero esa mañana, al mirar a Santiago, lo adivinó exiguo, pusilánime, desapacible. Y tuvo...

Una carta.

Ayer por la mañana me entretenía leyendo por encima y sin demasiado interés uno de esos periódicos locales más repletos de publicidad que de otra cosa, perfectos para pasar el rato sin grandes debates internos y nulo esfuerzo intelectual, mientras esperaba felizmente...

Lo nuestro fue un flechazo.

Un flechazo de los de verdad, de esos que son como tienen que ser, de los que ocurren cuando menos te lo esperas. Porque para enamorarse en condiciones es requisito indispensable no pensar en ello, porque los flechazos de película no se buscan, te encuentran. Vamos a...

—El pueblo llano, cuando reza, pide lluvia, hijos sanos y un verano que no acabe jamás —replicó Ser Jorah—. A ellos no les importa que los grandes señores jueguen a su juego de tronos, mientras los dejen en paz. —Se encogió de hombros—. Pero nunca los dejan en paz.

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