La mujer que buscaba.

Un lista chill de Spotify amortigua los chillidos de los niños en la piscina. Sobre todo el graznido de un preadolescente zangolotino que le revienta el cerebro. Insoportable. Las tardes de verano comienzan a ser silenciosas cuando se esconde el sol. Queda poco. Se...

Vivir la vida de los otros. Y contarla.

Aprendí a leer a los cinco años. Mi madre asegura que a los cuatro le leía cuentos a mi hermano pequeño. Lo sentaba en una silla frente a mí, tomaba un libro y lo obligaba a escucharme. Seguro que él hubiera preferido jugar a los albañiles o los vaqueros, con su casco...

La librería de las letras olvidadas. IV.

  … Pero ella, cuando tan alegremente había tomado el autobús casi tres horas antes, no podía prever el torbellino que estaba a punto de trastocarle la vida. No podía imaginar que su ansia por devorar a hurtadillas los poemas de ese tal Neruda —de quien...

La librería de las letras olvidadas. III.

… se repetía inútilmente mientras el bar giraba y era incapaz de seguir mirándole a los ojos. —     Pero cuando el policía ese de ahí fuera me abordó —por qué es policía, ¿no?— se me congeló el valor… —     A ver, Úrsula… Porque no me irás a decir que tampoco es...

La librería de las letras olvidadas. II.

  […] le esperaba una Úrsula mucho menos temblorosa de lo que había supuesto. —     ¿Sigue ahí? —     ¿El tipo la gabardina? —contestó mientras encendía un cigarrillo con la única esperanza de aplazar el momento de explicarle a la chica el trajín furtivo...
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